martes, 12 de mayo de 2009

Zaragoza, para Manolo

Zaragoza era la ciudad del cine Pax, de los Reyes Magos en Galerías Expreciados. La ciudad en la que se escondían los regalos debajo de la cama, de la ropa congelada en el tendedor, del calor y de las bicis en el Tiro de Pichón, de los helados italianos en donde hoy está el Heraldo. Y la ciudad a la que volvíamos a finales de agosto después de un mes de veraneo con nuestros padres por Andalucía o Galicia.
Zaragoza era la ciudad de los juegos en Marina Moreno, de la alfombra verde del baño con la que nos íbamos tú y yo a todos los puntos del globo. De nadar en verano en corazonistas. De la tía Eny y de nuestra Yaya. Del trampolín y del tobogán y de trepar al árbol ese en el que había una colmena. De los tres Mosqueperros. De la gallina sobre el Tubo. Del Mercado Central. De las palomas. Del sol, del frío y del pasamontañas que picaba tantísimo. De las bicis del parque. Del chocolate con churros en casa de la tía Blanquita. De trepar por la litera de los Cocos. La ciudad de nuestro tío Julio, un auténtico genio del humor. La ciudad de comer tortilla de patata en El Circo. Y también la del gran tobogán de las ferias. También era la ciudad en la que hacíamos de modelos para los anuncios de papá. Era la ciudad de la estanquera del Tubo a la que nuestra madre compraba tabaco. Y la de las pastillas de cacao que mi tía Eny le traía a nuestra madre. Y de los libros que ella compraba en Libros. ¿Te acuerdas? También era la ciudad de los polis y los cacos, y de romperme yo sistemáticamente los brazos jugando al fútbol. -Mejor, me lo rompió un niño muy malo, llamado Porta, al que odié bastante tiempo por que me dijo, perdona pero lo he hecho queriendo, cosas de críos de ocho años. - O cuando me lo rompí por caerme desde un muro, cuando iba contigo.
La ciudad de calentar el almuerzo en el radiador del colegio. Y del barrio de la Romareda. De jugar al baloncesto con el equipo cedro, con el que perdí creo que un par de veces sólamente, todas las que jugué y el de las fiestas del colegio. Y de los bocadillos de tortilla de patata del cole. Del autobús de nuestra odiada -pobre- punky Merche -hoy sería la monitora de autobús-. En aquel recorrido en autobús desde el Colegio Romareda hasta Cesáreo Alierta aprendimos la mayoría de las canciones de Alaska. Y nos enteramos de que las olimpiadas se celebrabarían en Barcelona. Luego ya fuimos en el 40 o el 30. También fue la ciudad del "hola soy Tejero, todo el mundo al suelo". La del "ventidó, ventidó", la del "vamos que nos vamos" y la de una temporada que la empredieron contra Morán, un ministro socialista del que se hacían muchos chistes. ¿Te acuerdas?
Pero sobre todo Zaragoza es la ciudad de una infancia compartida con el que hoy es un hombre excepcional: mi hermano.

Para mi hermano Manolo, unos recuerdos de hace treinta años. Tq.

3 comentarios:

josefluzo dijo...

Qué bien, tanto fash-back en un minuto...

Anónimo dijo...

Que bien escribes...me gusta mucho. Cómo fluyen las ideas, esas metáforas cotidianas... es muy entrañable. Un beso guapa

Emilio Gazo dijo...

Que bonito. Me he emocionado y todo. Recuerdo muchas de las cosas que comentas y me vienen a la memoria todas esas tardes, esos lugares, en fin, todas esas cosas que quedan ahi, al borde del olvido y que deberíamos rescatar de vez en cuando para que no terminen por caer amontonadas sin sentido. Gracias por recordar estos momentos.